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LAS TORTUGAS MARINAS

Reino: Animalia; Filo: Chordata; Subfilo: Vertebrata o Craneata; Superclase: Gnathostomata; Superclase: Tetrapoda; Clase: Reptilia; Orden: Testudines; Superfamilia: Chelonioidea

LAS TORTUGAS MARINAS

Los quelonios o testudines están representados en el medio marino por dos familias de tortugas: quelónidos, con seis especies, y dermoquélidos, con una sola. Son, sin duda, el grupo de reptiles marinos con una distribución más amplia y los únicos con representantes en el litoral mediterráneo ibérico. Los restantes reptiles típicamente marinos incluirían una sola especie de saurio [la iguana marina (Amblyrhynchus cristatus Bell, 1825) de las Islas Galápagos], más de 60 especies de ofidios [las serpientes marinas, todas ellas incluidas en la familia elápidos, habitantes del Indopacífico] y una especie de cocodrilo [el cocodrilo marino o poroso (Crocodylus porosus Schneider, 1801) del sudeste de Asia y norte de Oceanía].

Diversidad, hábitat y distribución

Los quelonios incluyen 327 especies agrupadas en 14 familias, principalmente dulceacuícolas o terrestres. Como se indicó anteriormente, siete especies incluidas en dos familias y una superfamilia constituyen las denominadas tortugas marinas:

Superfamilia Chelonioidea Baur, 1893

Familia Cheloniidae Oppel, 1811

- Caretta caretta (Linnaeus, 1758) – Tortuga boba o común

- Chelonia mydas (Linnaeus, 1758) – Tortuga verde

- Eretmochelys imbricata (Linnaeus, 1766) – Tortuga carey

- Lepidochelys kempii (Garman, 1880) – Tortuga lora, de Kemp o golfina

- Lepidochelys olivacea (Eschscholtz, 1829) – Tortuga olivácea

- Natator depressa (Garman, 1880) – Tortuga franca oriental o plana

Familia Dermochelyidae Fitzinger, 1843

- Dermochelys coriacea (Vandelli, 1761) – Tortuga laúd

Las siete especies pueden ser fácilmente distinguidas por la forma y tamaño del espaldar, el número y tamaño de escudos o escamas en caparazón (la tortuga laúd es excepcional en este sentido por carecer de los mismos), la ausencia o presencia (y número) de uñas en la aletas, la forma de la cabeza, etc.

De ellas, solo la tortuga boba es habitual en el litoral de Granada, mientras que la tortuga laúd es mucho menos frecuente. De otras especies, como la tortuga verde (que llega a reproducirse en el Mediterráneo oriental), la tortuga carey o la tortuga lora (estas dos últimas consideradas como accidentales en el Mediterráneo) no existen datos fiables hasta la fecha de su presencia en las costas de Granada.

En general las tortugas marinas se distribuyen principalmente por mares y océanos cálidos y templados de todo el planeta. De todas las especies, es la tortuga laúd la que alcanza mayores latitudes gracias a su mayor capacidad de regular su temperatura corporal. Esto se ve facilitado por su gran tamaño (“Gigantotermia”), que favorece una baja relación superficie-volumen, por estrategias de aislamiento (presencia de un tejido subcutáneo muy graso) y cambios de flujo sanguíneo a los tejidos periféricos (tanto para disipar como para mantener calor, según la necesidad). Esto le permite, por ejemplo, mantener una temperatura corporal de 25,5°C en agua marina fría a 7,5°C.

Las tortugas marinas son animales pelágicos que suelen nadar próximos a la superficie y a veces se aproximan a las costas, especialmente durante la época de reproducción. No obstante, pueden realizar inmersiones a profundidades de varios cientos de metros. La tortuga laúd ostenta el record en cuanto a profundidad alcanzada, ya que se ha llegado a medir una inmersión a 1250 m de profundidad en esta especie.

Características

Las tortugas marinas son de mediano o gran tamaño, con una longitud en el estado adulto que oscila entre unos 60 cm y 2 m, dependiendo de la especie. Como en otros quelonios, el cuerpo está protegido por un caparazón óseo, recubierto externamente por queratina (recubrimiento córneo), en el que se distingue una parte dorsal (espaldar, que resulta de la fusión de hueso dérmico con costillas expandidas y vértebras) y una ventral (plastrón o peto, formado por huesos dérmicos fusionados). El caparazón encierra las cinturas escapular y pelviana

Cara interna del espaldar de una tortuga boba

La tortuga laúd es excepcional por tener el caparazón formado por pequeñas placas óseas embutidas en el tegumento y carecer de escamas córneas (el caparazón está recubierto por una piel coriácea). Es típico en todas las tortugas acuáticas, tanto marinas como de agua dulce, el hecho de que el caparazón sea aplanado (frente a los caparazones notablemente más convexos de las especies adaptadas a vivir en tierra), lo que se relaciona con un mayor hidrodinamismo.

En las tortugas marinas la cabeza no se puede introducir dentro del caparazón. Como es general en este orden, no poseen dientes, pero la mandíbula y la arcada superior están recubiertas por una vaina queratinizada formando un pico.

El esófago está muy endurecido y posee función trituradora o ayuda a retener las presas. Así, en la tortuga laúd son importantes las papilas córneas del esófago que ayudan prevenir la regurgitación de las presas gelatinosas que suponen su fuente principal de alimento.

En el caso concreto de las tortugas marinas, las patas tienen forma de aleta, más largas y estrechas las anteriores que las posteriores. Sirven para la propulsión, como timón, para abrazar a la hembra en la cópula y para excavar el nido.

La respiración es pulmonar (como es normal en reptiles), aunque algunas tortugas acuáticas cuando están inactivas bajo agua pueden obtener oxígeno a partir del agua que introducen en su cavidad bucal o cloacal, que están muy vascularizadas. Los pulmones también son importantes en la flotabilidad.

Las tortugas marinas realizan inmersiones que se ven interrumpidas por ascensos a la superficie para respirar a intervalos de tiempo variables. Según una reciente revisión sobre el buceo en las tortugas marinas, la duración máxima registrada de buceo estaba en el rango de ocho a diez horas durante el período invernal con temperaturas del agua entre 12 y 14° C. El record conocido es de 614,4 minutos en una tortuga boba.

Como muchos reptiles, el corazón en las tortugas es tricameral.

Aunque los quelonios son principalmente uricotélicos (como otros reptiles), las tortugas marinas eliminan urea como producto predominante de la excreción. Las tortugas marinas poseen glándulas de eliminación de sal que son glándulas lacrimales modificadas.

A pesar de que los estudios sobre los sentidos en las tortugas marinas son aún incompletos, parece ser que tanto la vista como el olfato (o la quimiorrecepción en un sentido más amplio) son dos sentidos bien desarrollados en estos animales. Se sabe que tienen visión en color y suficiente agudeza visual como para distinguir objetos relativamente pequeños bajo el agua. Son capaces de discriminar sustancias químicas en bajas concentraciones. En cuanto al sentido auditivo, son necesarios futuros estudios que permitan evaluar las capacidades auditivas de las tortugas marinas.

Alimentación

Son predominantemente depredadoras e ingieren diversos animales marinos como medusas, crustáceos, moluscos, tunicados, peces, corales, esponjas, etc. La tortuga verde es algo excepcional (también lo es la tortuga plana) pues los adultos se alimentan principalmente de fanerógamas marinas. Las restantes especies de tortugas marinas suelen tener durante su estado adulto claras preferencias por unos tipos u otros de presa.

Tortugas verdes (Tenerife)

Reproducción

Las hembras fecundadas salen a tierra para poner los huevos (ocasionalmente se han observado tortugas marinas que salen a tierra a tomar el sol o a descansar durante el día o la noche), generalmente en las playas donde nacieron. A veces, un elevado número de tortugas hembra se reúnen en dichas playas y, aunque no existe realmente un comportamiento social, esa nidificación en masa podría ser una estrategia para saturar a los potenciales depredadores de huevos al quedar saciados. La cópula ocurre en el mar, donde los machos esperan la llegada de las hembras. Es frecuente que los machos se apareen con hembras en los periodos entre puestas, ya que las hembras suelen ovular pocas horas después de cada puesta.

Todas las tortugas marinas son ovíparas (como los restantes miembros del orden quelonios) y construyen (con intervalos de reposo) varios nidos, generalmente de dos a siete, en los que depositan entre 30-180 huevos en cada uno. Cada hembra se suele reproducir cada dos, tres o cuatro años. La incubación depende del calor del sol y suele durar en torno a 50 días o dos meses. Como es característico de este orden de reptiles, no existen cuidados parentales. Como en otras tortugas, el sexo de las crías depende de la temperatura de incubación. (En la tortuga boba por encima de 32º todo son hembras, a unos 30º la proporción machos hembras es similar y por debajo de 28º todos son machos)

La etapa infantil, especialmente el desplazamiento hasta el mar tras la eclosión, supone un periodo de gran vulnerabilidad, lo que hace que la mortalidad infantil sea muy elevada. Asimismo, los huevos sufren depredación por un amplio número de animales.

Las tortugas marinas son animales longevos, con madurez sexual tardía, con bajo metabolismo y gran resistencia a la carencia de alimentos.

En cuanto a la reproducción en el litoral granadino, no existen citas, aunque en 2001 se detectó la nidificación de un ejemplar de tortuga boba en Vera (provincia de Almería). De todos modos, algunos autores han señalado para las aguas del mar de Alborán que sus bajas temperaturas y corrientes no las harían muy adecuadas para la nidificación, a lo que habría que unir el elevado grado de alteración de la costa.

Comportamiento dispersivo y migratorio

Las tortugas marinas son seres solitarios. Realizan largas migraciones hacia los lugares donde se reproducen o a lugares que le ofrezcan abundantes recursos alimenticios. Asimismo, los recién nacidos deben dirigirse hacia el mar y, desde allí, a cientos o miles de kilómetros de las playas donde nacieron. Para todo ello, las tortugas podrían orientarse siguiendo patrones de luz, del campo magnético terrestre, de la dirección de las olas, o de los gradientes de olor transportados por corrientes marinas (aunque parece que los patrones químicos podrían ser particularmente importante en la identificación de las playas donde nacieron por parte de las hembras que van a poner los huevos).

Origen y relaciones filogenéticas

Según el registro fósil, que es muy amplio para este orden de animales, las tortugas aparecen en el Triásico (por ejemplo, Proganochelys Baur, 1887 que alcanzaba casi 1 m de longitud, o el aún más antiguo género Odontochelys Li et al., 2008 que aún poseía dientes y parecía tener un caparazón incompleto).

Las relaciones filogenéticas de las tortugas con otros grupos de amniotas actuales han sido muy discutidas y distintos estudios han apoyado diferentes posiciones en relación con otros grupos. Su característico cráneo anápsido (sin fosas temporales), considerado como un carácter ancestral, las colocó como grupo hermano de los diápsidos (escamosos, rincocéfalos, cocodrilos y aves). Otros autores consideran que la pérdida de las fosas temporales es secundaria y las han colocado como grupo hermano de los lepidosaurios (escamosos y rincocéfalos) basándose en análisis de caracteres del esqueleto apendicular o como grupo hermano de los arcosaurios (cocodrilos y aves), como sugieren los estudios moleculares recientes.

Las dos familias de tortugas marinas, quelónidos y dermoquélidos, se encuentran más emparentadas entre sí que con cualquier otra familia de quelonios, por lo que forman un clado, los quelonioideos, sustentado tanto por estudios morfológicos como moleculares. Los primeros quelonioideos podrían haberse originado durante el Cretácico.

Estado de conservación

Ejemplar juvenil recogido en la playa de Carchuna por Agentes de Medio Ambiente el 27 de junio del 2017, con una extensa herida en el cuello y muy parasitado.

El mismo ejemplar en el día de su suelta, el 13 de noviembre del 2017, tras permanecer en un centro de recuperación. Se puede observar la cicatriz en el cuello.

Según la Lista Roja de las Especies Amenazadas de la UICN, en 2017, de las siete especies de tortugas marinas, dos, las tortuga carey y lora, están catalogadas como en peligro crítico (CR), una, la tortuga verde, como en peligro (EN), tres, las tortugas boba, olivácea y laúd, como vulnerables (VU), y una, la tortuga plana, como datos insuficientes (DD). No obstante, según los informes de los expertos de la UICN, la población mediterránea de tortuga boba se podría incluir en la categoría de preocupación menor (LC).

De acuerdo con la UICN, las principales causas de disminución de las poblaciones de tortugas marinas a nivel mundial son:

- La ocupación y destrucción de los lugares de cría, a consecuencia del turismo, edificación, etc. La iluminación de zonas costeras supone también un problema al desorientar a las tortugas recién nacidas en su camino hacia el mar.

- La contaminación de los mares y océanos con plásticos y otras sustancias. La ingestión de plásticos, probablemente confundidos con presas gelatinosas, es una importante causa de mortalidad. Son asimismo frecuentes los casos de inmunodepresión y muertes relacionados con la acumulación de contaminantes en sus tejidos.

- La muerte accidental en dispositivos de pesca como palangres, etc.

- La sobreexplotación por consumo de carne o huevos y comercio del animal o partes de él.

- Los accidentes con embarcaciones.

- Los impactos producidos en el marco del Cambio Climático: incrementos de temperatura que pueden alterar la razón de sexos de la descendencia, mayor frecuencia e intensidad de eventos catastróficos (como fuertes tormentas), etc.

ESPECIES PRESENTES EN NUESTRO LITORAL

Familia CHELONIIDAE

Caretta caretta

Familia DERMOCHELYIDAE

Dermochelys coriacea

MÁS INFORMACIÓN

BIBLIOGRAFÍA

General

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- GBIF

Caretta caretta Smith, 1931 (https://www.gbif.org/species/2442178)

Dermochelys coriacea (Vandelli, 1761) (https://www.gbif.org/species/2441866)

JOSÉ MANUEL TIERNO DE FIGUEROA